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LAS ILUSIONES DE LA RED

Salta a la mente la multiplicidad de significados, la abundancia de sentidos de que puede ser portadora una sola voz, aquello que se conoce por polisemia de las palabras.

El primer trabajo, entonces, para quien quiera hablar con propiedad y coherencia, consiste en delimitar las acepciones, circunscribir los usos de los vocablos que se vayan a utilizar. Al igual que muchos otros términos, el de 'cultura' abarca tal diversidad de sentidos en tantos contextos, que es más prudente señalar antes la dirección en que se le emplee para no caer en enunciados equívocos y en posteriores discusiones innecesarias. 'Cultura' debe, además, diferenciarse de otros términos con los que suele asociársele coloquialmente y que presentan significaciones dispares. Tenemos, pues, que no es lo mismo:

  • cultura,
  • educación,
  • instrucción,
  • erudición,
  • información.

Observemos que en esta lista los términos cultura e información están al principio y al final, colocados así para destacar la distancia que hay entre una y otra, lo cual tendría que ser muy obvio. Aunque a una persona culta se le suponga informada, esto no quiere decir que el estar informado de por sí haga de alguien una persona culta. De esa confusión se aprovecha internet y de esa confusión se vive ahora para convencer de la democratización inherente al uso y disfrute de las tecnologías actuales.

Pero no es todo. Si erudición no es lo mismo que cultura, ni educación ni instrucción tampoco, añádase que como término usado en antropología y disciplinas afines, la cultura se ha considerado desde hace tiempo sinónimo de civilización.

Para los franceses la palabra civilisation designa el concepto de cultura. De ahí que digan civilisation française, donde hemos de entender "cultura francesa", pues a la conciencia lingüística de los hispanohablantes el término se le manifiesta dotado de más amplitud, por lo que parece lícito hablar de una "civilización occidental" que engloba las distintas culturas integradas en el concepto genérico de "Occidente".

De modo análogo a los franceses, los alemanes han mantenido la equivalencia entre civilización y cultura, por lo que Kulturkampf puede interpretarse en el sentido de conflicto cultural o de civilización.

Para la mentalidad anglosajona, por su parte, civilización y cultura se entrelazan según la concepción clásica de Matthew Arnold expuesta en Culture and Anarchy (1869), con el ingrediente de aquello que distingue a la persona cultivada: sensibilidad estética y moral adquiridas por el individuo, en virtud de su posición como miembro de la clase media y como heredero directo del proceso civilizador cristiano de la Europa occidental.

La idea de que la "cultura" remite a toda manifestación artística, como establece la propuesta de Arnold, inscribe el término dentro del concepto elitista de una high-culture. Pero, a efectos de lo que venga a decirse después, debe aclararse que una expresión como la de high-culture no coincide exactamente con la noción de "alta" opuesta a "baja". High alude a hechos macroculturales y, en tal sentido, cualquier fenómeno tipificado de cultura pop, como se dice ahora, vendría a serlo a su vez, en caso de convenir que la "macrocultura" difiere de lo que la historiografía contemporánea llama "cultura material"

[La jerarquía, por cierto, entre "alta" y "baja" y la irrupción de la "vida" como cultura pop tendrán que explorarse en una de las partes sucesivas de Incidencias del yo...]

Estamos, pues, frente a una palabra y su derivados que para su utilización requieren mucha cautela y rigor. De ahí que cuando encontramos la expresión "revistas culturales" en internet, pronto nos asalte la duda de la conveniencia del calificativo para determinadas publicaciones. Se entiende que haya revistas literarias o científicas, ¿pero con qué propósito se tildan de "culturales" a unas revistas? ¿Qué se introduce en el amplio saco de tal denominación? ¿Revistas? ¿Son verdaderamente revistas? ¿Internet? ¿Es verdaderamente internet?

Obramos con ironía, es cierto, porque si desde el año 2002 Hartz figura como "Revista digital", etc., es a conciencia —a conciencia de lo que era como proyecto y de lo que sería como realización. Y vayamos a precisiones más exactas.

En términos generales, "internet" se ha considerado por el público como un sinónimo de la "red". Pero, en realidad, no debieran confundirse. La palabra internet se refiere al conjunto de ordenadores (computers) relacionados entre sí y que se instalan en todas partes del mundo con el objetivo de facilitar la comunicación directa entre los usuarios y la transferencia de archivos de datos de unos ordenadores a otros. Internet, designa un hecho físico: una red de máquinas electrónicas que carece de una administración central, cuyas propiedades de rapidez, flexibilidad y economía de servicios la han convertido en el modo de comunicación más utilizado y más importante del planeta desde finales del siglo XX y primeros años del XXI.

Considerado así, el fenómeno de internet es un factor decisivo de la globalización. Pero lo más notorio, para nuestro interés, reside en su condición de red descentralizada. Dicha red, sin embargo, no es lo que popularmente se conoce como "la Red". Ésta es la Gran Red Mundial, identificada con las siglas WWW (correspondientes a World Wide Web).

Como resultante de la fusión de conceptos informáticos diseminados en internet, la Red empezó como un proyecto que tenía por finalidad transmitir información científica, valiéndose de ordenadores y a través del dispositivo de hipertextos. Y ha prosperado como servicio tanto de información como de publicación de documentos de todo tipo, los cuales se caracterizan por hallarse provistos de enlaces (hiperenlaces), que facilitan el acceso a otros documentos; y como tal, la Red (o la Web) viene a formar parte del más vasto plan de internet, donde se inserta y recurre a los mecanismos de que dispone aquél para sus diferentes servicios.

Lo más llamativo de lo expuesto, y en lo que parece que no suelen reparar los usuarios en general, se halla en que, independientemente de las diferencias que podamos determinar entre internet y red, o las mismas páginas web, en el fondo se rigen por unos mismos principios. Porque sea la clase o tipo que fuere de objetos de que se trate: máquinas electrónicas, dispositivos multimedia, textos, gráficos, etc., todos ellos constituyen cadenas, es decir, conjuntos de partes relacionadas íntimamente entre sí y cuyo funcionamiento supone esa relación mutua basada en unos conceptos que ha suministrado y perfeccionado el desarrollo de la cibernética.

Por eso, hicimos notar que internet es una red no centrada. Pues tal red supone la aplicación de métodos de una combinatoria inseparable del progreso de los conocimientos informáticos y del tratamiento matemático de las informaciones.

Red sin centro, insistimos, y con el propósito de la sincronización de las partes, como garantía de un funcionamiento eficaz dentro de la idea de totalidad correspondiente a la llamada globalización.

No comprender que los sitios web (o redes informáticas) consisten en conjuntos de páginas web y que éstas, a su vez, son otras tantas redes análogas, induce, por un lado, a juicios erróneos con respecto a publicaciones determinadas. Por otro, lleva a los fracasos totales o relativos, de proyectos que, al ponerse en práctica, no toman en cuenta las particularidades combinatorias de toda red.

Adelantemos que las opiniones equivocadas han alcanzado alguna vez a Hartz. Es oportuno advertir que ya el concepto mismo de red es figurado. De esa metáfora, y de la imaginación que moviliza, tomamos impulso. Por eso, decíamos el 12 de marzo (2003) que: "Escritores-arañas tejen..." (cfr., fecha indicada, Bitácora).

Red, malla, tela, tejido, texto, contexto, espacio, trayecto, nave... Porque, como dato adicional, tenemos que cibernética desciende por etimología del kybernétes griego, ¿y qué es sino el piloto del navío en la guerra, el timonel que gobierna el gobernalle? Los sistemas de control —la entrada y salida de la información que se ha codificado previamente, la retroacción positiva y negativa—, se hallan implícitos en el recorrido del viaje. Y el mapa, las encrucijadas, la red de estrellas-neuronas...

Apenas empezamos a avizorar las ilusiones, que pueden ser esperanzas susceptibles de cumplirse o simples engaños, trampas de la Red por encima de cualquier convención prioritaria.

(Continuará en el próximo número)

NL./27-8-2008


REFERENCIAS:

ARNOLD, Matthew. Culture and Anarchy and Other Writings, Cambridge, Cambridge University Press, 1993.



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