| NOVEDADES | HARTZ | 10bis |
|
OTRAS APARICIONES
|
| anterior |
NO SÓLO FERNANDO PESSOA(Segunda Parte) No podía faltar en este panorama de la literatura portuguesa de los años
veinte el nombre de Júlio Dantas (1876–1962), aun cuando haya sido escritor de mediano vuelo. Pero en ese
tiempo había logrado imponerse de tal manera, en los medios oficiales, que la solemnidad y presunción de sus
actitudes le hicieron el blanco favorito de las burlas de la juventud vanguardista.
Presidente casi de por vida de la Academia de Ciencias desde 1922, por su obra extensa, repartida en varios
géneros (poesía, teatro, narración, ensayo...) y por las habilidades en ella demostradas (en la pieza
dramática A Ceia dos Cardeais, de 1902, o en la novela A Severa del año anterior), Dantas
quizá merecía tratamiento más respetuoso. Lo cierto, sin embargo, es que mancillado quedó para la posteridad,
especialmente por el famoso Manifiesto Anti–Dantas que le dedicaría el futurista Almada Negreiros en
l9l6.
Otros nombres más entrañables figuran en la novela de José–Augusto França
y su recurrencia los torna relevantes. Así, Gualdino Gomes (1857–1948), amigo del referido Teixeira
Gomes y de muchos escritores y artistas (Brandão lo menciona en sus Memórias), gran conversador, que
llegó a ser funcionario de la Biblioteca de Lisboa.
Gualdino Gomes como José Pacheco, también referido en la
Primera Parte de estas notas, aparece desde el primer capítulo. Igualmente comparece Victor Falcão
(1886–1966), periodista y escritor que dirigía la Revista Portuguesa en 1920, en la cual se
publicó una entrevista a Fernando Pessoa efectuada por el poeta cristiano António Alves martins
(1897–1929), cuya poética era afín a la de Augusto Gil.
Otros personajes están ligados más estrechamente a la vida y a la obra de Fernando Pessoa.
En primer lugar, António Ferro (1895–1956), periodista, narrador y político, editor de la revista
Orpheu y el amigo que lo aconsejó para que se presentara a concurso del Premio de Poesía Antero
de Quental, promovido por la Secretaría de Propaganda Nacional. Ferro era, además, el padre de António
Quadros (1923–1993), prestigioso ensayista que se encargaría de la edición de la obra completa pessoana y que
publicó un importante estudio sobre el poeta en l960.
El otro amigo, cuya intervención sería decisiva para que se le concediese el segundo premio
a Pessoa (el primero lo obtendría el fraile Vasco Reis (1910–1988)), fue Augusto Ferreira Gomes
(1892–1953), que en los últimos años en que transcurre la novela de França era jefe redactor
del periódico O Sol. Discípulo de Pessoa (su libro de poemas Quinto Imperio desarrolla los mismos
tema del premiado Mensagem), además fotógrafo, a él se deben las pocas instantáneas que
se conservan del creador del heterónimos.
Amigo de juventud era Jaime Cortesão (1884–1960), de la época en que los
jóvenes escritores aireaban los ideales de un nacionalismo poético, ejemplificado en la obra de Teixeira de
Pascoaes. Con alguna ironía quizá, Fernando Pessoa lo consideraba "uno de los primeros poetas de la novísima
generación".
Pero Cortesão no era sólo poeta. Médico y memorialista
de la Primera Gran Guerra, director de la Biblioteca Nacional entre 1919 y 1927, exiliado a partir de este último
año en Francia y España, y tiempo después en Brasil, se convertiría en una de las figuras
más notables de la cultura portuguesa y de la historiografía luso–brasileña en el siglo XX,
según las opiniones más autorizadas.
El personaje designado en la novela con el nombre de "Padre Manso" es Joaquim Martins Manso
(1878–1956), sacerdote que fundó con otros periodistas, en 1921, el Diario de Lisboa, del que
sería director hasta su muerte. Publicación esta que tuvo su importancia en el mundo literario:
el primer biógrafo de Pessoa, João Gaspar Simões
(1903–1987), ejerció unos años allí de crítico, como consta en
dedicatoria a Manso en el primer volumen de su obra de crítica completa.
El ascendiente de las publicaciones periódicas en el desarrollo de la literatura portuguesa se refleja
en la mención de escritores cuya obra estuvo unida al periodismo y que por él obtuvieron gran difusión y
resonancia.
Reinaldo Ferreira (1897–1935) es ejemplo señero: novelista, cineasta y dramaturgo nacido en
Mozambique, integrado en el ambiente portugués. Fundó en Lisboa el diario Repórter X, que alcanzaría
impresionantes tiradas, y del cual tomó su pseudónimo (por Repórter X se le alude en la novela). Era,
además, padre de quien llegaría a ser poeta, homónimamente bautizado Reinaldo Ferreira (1922–1959),
barcelonés por nacimiento y reconocido y aclamado a su muerte en Portugal.
Periodista nato y precoz fue en su breve vida Afonso de Bragança (1899–1922), hermano de
José de Bragança. También periodista era José Dias Sancho (1898–1929), poeta y
narrador, crítico acerbo de Júlio Dantas, E igualmente periodista fue Gustavo Matos Sequeira
(1880–1962), que publicó una guía turística de Lisboa en 1926.
El pseudónimo de João Verdades corresponde a un activo colaborador de revistas y
publicaciones periódicas. Su nombre real era Tito Gonçalves Martins (1868–1946), autor de
crónicas de la Primera Gran Guerra, novelista y dramaturgo.
La mención de Artur Inês [o Inez] (1898–1968), en el capítulo VII de la novela,
ligándolo al periodismo deportivo y aclarando: "de otro modo famoso", hace referencia a que se le conocía por ser
autor de letras de fados y, probablemente, por el aviso en 1921 de una opereta dramática próxima a estrenarse.
Más importante fue, sin embargo, que Inês llegaría a fundar O Diabo, el periódico literario de
más éxito de los años treinta en adelante.
Otros personajes que aparecen o se mencionan incidentalmente en la novela son escritores a la sazón de
éxito, pero de quienes al transcurrir el tiempo se ha ido difuminando el brillo de su obra. Sucede ello con
Mário Domingues (1890–1977), autor de novelas de aventuras y policiacas que gozó como muy pocos de
los favores del gran público. Asimismo sucede con Manuel Ribeiro (1870–1941), novelista de dos
trilogías que irrumpió en 1920 con el éxito clamoroso de su primera novela, A Catedral. Y
también estimado del público fue Antero de Figueiredo (1866–1953) que cultivó la
biografía novelada —D. Sebastião, Rei de Portugal es de 1925—, además de la novela
romántica y de inspiración religiosa.
Pero no se crea que está agotado el catálogo de las grandes figuras. Aun cuando dentro del mundo
del teatro Joaquim de Oliveira (1893–1982) sea más bien un actor que contribuyó al desarrollo del
arte escénico con estudios, adaptaciones y algunas piezas dramáticas inéditas, y André Brun
(1881–1926) también haya adaptado, traducido y escrito obras de teatro en colaboración con otros,
entre ellos el comediógrafo Félix Adães Bermudes (1874–1960), restan nombres de prestigio,
dignos de la mayor estima.
Así Norberto Araújo (1889–1952) que no era sólo dramaturgo, de los
más populares en las primeras décadas del siglo XX, sino autor de una Novela do amor Humilde, que recoge
las tradiciones de Lisboa por él bien conocidas al ser además notable cronista de la ciudad.
Vitoriano Braga (1888–1940) es aún más interesante. Dramaturgo de corte naturalista
y fotógrafo aficionado de Pessoa, quien lo distinguió por su pieza Octávio como Jorge de Sena lo
distinguiría por sus "dramas psicológicos y morales". Y sena, por cierto, ha determinado que el gran dramaturgo
de los años veinte y treinta fue Alfredo Cortez (1880–1946), agudo analista de la sociedad portuguesa y
satírico implacable de refinada técnica.
José–Augusto França no podía dejar de aludir en la novela a João de Castro Osório
(1899–1970), investigador literario y ensayista, ligado para la posteridad al genial Camilo Pessanha
por ser autor de la edición canónica de Clepsydra y por ser hijo de Ana de Castro Osório y
sobrino de Alberto Osório de Castro, ambos amigos íntimos y valedores del gran poeta, antecesor impar de Pessoa
y de Sá–Carneiro...
Destacan en esta relación: dos plumas femeninas. Veva de Lima, nombre literario de Genoveva
Mayer de Lima (1896–1963), la hija del plutócrata Carlos Mayer. Mujer de mundo, creó un salón
literario en su casa de Lisboa, el palacio Ulrich, hoy día abierto al público. Escribió
cuentos, varias obras de teatro de carácter poético y un libro de viajes.
Los libros de viajes y las crónicas fueron la especialidad de Luísa de Freitas Lomelino
Grande (1875–1945), a quien se le conocía por el pseudónimo Luzia. Mereció los
elogios de João Gaspar Simóes por su capacidad descriptiva y sensibilidad sutil, que a Simões le
hacía recordar la mórbida receptividad de Katherine Mansfield.
Naturalmente, en una novela en la que el protagonista es un pintor, además de poeta, no extrañe
que abunden los nombres de artistas plásticos. Hemos aludido a Pacheco, a Columbano y a Freire, y una larga lista
podría completarse con otros, pero baste con Guilherme de Santa–Rita (1889–1918), que se hizo
llamar "Santa–Rita Pintor", y Amadeu de Souza Cardoso (1887–1918), ambos tan importantes que
junto con Almada integran el trío de grandes pintores vanguardistas de la época. Y a ellos se une
Eduardo Afonso Viana (1881–1967), que frecuentó el trato de Fernando Pessoa y que es personaje
insoslayable en José e os Outros
Como dato curioso: entre toda esta multitud aparece con sus peripecias un escritor español, Ramón
Gómez de la Serna (1888–1963), el inventor de las greguerías.
Por supuesto, los nombres que más brillan son los de Almada y del autor de Mensagem.
Almada Negreiros (1893–1970), conocido en España desde hace décadas por la exposición de sus cuadros, dibujos y diseños
en la Fundación Juan March, poeta procedente del vanguardismo de las revistas Orpheu y Portugal Futurista,
desplegó una intensa actividad literaria. Su novela Nome de Guerra y su principal personaje, Judite,
son objeto de la narración en el capítulo VI del libro de França.
Nome de Guerra: obra singular y provocativa, que suscita hoy día la admiración de los
lectores. Sí, no todo es sólo Fernando Pessoa en la literatura portuguesa...
(RL/15.2.2012)
REFERENCIAS:
FRANÇA, José–Augusto. José e os Outros – Almada e Pessoa. Romance dos anos 20,
Lisboa, Editorial Presença, 2006.
SIGUIENTE: LA OBRA DE AGUSTÍN DE FOXÁ |
siguiente |